lunes, 18 de junio de 2012

SOBERANÍA ALIMENTARIA

¿Por qué la industria alimentaria y eL sistema productivo nos envenena?





¿Por qué la industria alimentaria y en sistema productivo nos envenena y deteriora nuestra salud?


Esto pasa desde la extracción, donde se esquilman los recursos naturales de forma descontrolada empobreciendo los recursos para el tratamiento de enfermedades, se arrasan los bosques y se contamina el agua.

Después en el proceso de fabricación, producción y distribución de mercancías se generan gran cantidad de residuos y de contaminación atmosférica derivados de un uso energético basado en el petróleo.

Continúa la cadena con el consumo, como ahora, también sabemos a costa de nuestra salud. El gran crecimiento de las enfermedades derivadas de la contaminación del aire que respiramos. Pero también enfermedades vinculadas a los envases de plástico, incluso biberones, latas de conservas, etc. Accedemos a una alimentación envenenada a causa de las sustancias químicas utilizadas en la agricultura industrial.

Tras el consumo se producen cantidades ingentes de desechos y residuos. Generamos toneladas de basura que no sabemos dónde meter ya. Y se agrava el proceso de contaminación de aguas y suelos iniciado en la extracción.

Y derivada de la forma de vida impuesta por el sistema económico el deterioro de la salud mental con un progresivo aumento de las depresiones y la ansiedad derivados del miedo. Miedo a perder el trabajo. Miedo a la enfermedad. Miedo al terrorismo. Miedo a perder.  Miedo a ganar, por si me lo quitan. Y miedo a ser uno mismo y expresarnos con libertad.

Vivimos la dictadura de la mediocridad. Mediocridad de los gobernantes. Mediocridad de muchos comunicadores colocados en los medios de comunicación convencionales. Y detrás de todo, el gobierno de facto, las grandes empresas transoceánicas y multinacionales: los bancos, los grandes Fondos de inversión, las farmacéuticas, las empresas de alimentación y semillas, la industria automovilística y, en general, la sociedad del petróleo. El neocapitalismo feroz empeñado en estrujar al máximo lo poco que queda de era del “oro negro” y empecinada en la continuación de su dominio poseyendo y controlando la naturaleza y la diversidad como si fuera una mercancía más.  La mediocridad e ineptitud de la clase política pone la puntilla a nuestras vidas encorchetadas en la rutina diaria de un riguroso horario trabajo cada vez más extenso, el coche como modo de vida, el ocio transformado en consumo convulsivo y la vuelta a casa agotados para enfrentarnos, tras cinco repetitivos días, a un fin de semana marcado por el aumento de visitas a los centros comerciales y el aburrimiento de los domingos que no abren, aguardando la vuelta al mismo lunes que se repite año tras año.   Y planeando sobre nuestras cabezas como broche para sujetarlo todo: el miedo.

Mientras las emisoras de radio y televisión convencionales, las más escuchadas por los ciudadanos, siguen dando noticias simplistas y vacuas sobre las finanzas y la calidad de vida de los ricos. Que, digo yo, importan a muy pocos. Noticias que hablan de:

-      La situación de las bolsas mundiales

-      El estado de los mercados de capital

-      El miedo de los inversores a no poder seguir enriqueciéndose

-      Las medidas de austeridad y ajustes del gasto social (recortes en la calidad de vida) que les permitan seguir aumentando su riqueza a costa del empobrecimiento de la mayor parte de la población y la apropiación de sus recursos.

(J.E.Stiglitz, señala que la “recuperación” de 2009 y 2010 en Estados Unidos, el 1% de la población con mayores ingresos se quedó con el 93% del aumento de la renta)

-      El aumento del PIB y otros indicadores Macroeconómicos, basados en un valor monetario y no de desarrollo real e incremento de bienestar de las personas.

-      Etc.…


Mientras todo esto llena los días,  la vida pasa y se usurpa la dignidad de las personas con un sistema económico caduco, empeñado en el crecimiento sin límite y cuyo término se alcanza con una injusta distribución de la riqueza obtenida mediante el agotamiento de los escasos recursos. (Porque nadie se engañe; no somos más que el tiempo que vivimos y ese tiempo debe transcurrir en la dignidad)

Para que todo siga igual, sin los inconvenientes del conocimiento, los verdaderos problemas se ocultan. El sistema no enseña sus grandes miserias.

(Prefiero cruzar cien veces el mar en la barcaza a atravesar una vez más el desierto. En el mar te mueres pero en el desierto quieres morirte y no puedes.- decía un emigrante de los países del Sahel)

Los verdaderos problemas nos pasan desapercibidos, ocultos tras la estela de humo que produce la oligarquía y oligopolio de las agencias de comunicación y la represión encubierta de la libertad de prensa,  la ignorancia y la mediocridad de las personas que ejercitan  la difusión informativa.

Entre tanto, nuestro tiempo se consume sin darnos cuenta, entre partido de futbol y partido de futbol. Pasa sin acordarnos de mirar al cielo o escuchar. Sin percibir nuestro entorno.  Sin saber qué consecuencias tiene lo que comemos, porque las empresas alimentarias ocultan los perjuicios que puedan tener para salud a favor de su afán de lucro. Todo pasa mientras permanecemos en el letargo de la falta de conocimientos y la desinformación. Pasa sin saber de donde provienen los materiales de que están hechos nuestros coches, nuestras cucharas, nuestros móviles, nuestras ropas. Vivimos en la sociedad del plástico desechable.  Vivimos con absoluto desconocimiento de cómo funcionan muchos objetos que usamos sin ningún tipo de conciencia y limitación. Sin preguntarnos dónde terminan cuando los desechamos para renovarlos por moda u obsolescencia. 

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