MATEMÁTICAS y ECONOMÍA;
Conceptos Dialécticos y Artimomórficos
Desde un enfoque transdisciplinar del pensamiento económico, Georgescu Roegen, señaló que la extensión indiscriminada del aparato matemático, en la disciplina económica, y de la vara de medir del dinero no eran suficientes para dar cuenta de las implicaciones sociales y culturales del proceso económico, y de restricciones naturales que presenta su desarrollo.
Roegen
invita a traspasar las fronteras académicas de la economía, la biología y la
física. Los economistas ortodoxos
tan reacios a traspasar esas fronteras y romper la pureza disciplinar, se
mueven en la estrechez de sus senderos. Es preciso comprender la relación entre
ecosistemas y subsistemas económicos. Son precisamente las herramientas
transdisciplinares obtenidas de la biología y la termodinámica las que abren
para Georgescu Roegen para su modelo económico de la Bioeconomía.
Roegen
analiza el origen de las explicaciones científicas y de los diferentes
conceptos utilizados en la práctica. En este ámbito la simbología lógica y
matemática es esencial para la rapidez del razonamiento, debido a su diferenciación discreta, es decir que
se definen de forma clara y con límites claramente diferenciadores respecto al
resto de los símbolos. El número 2, en símbolo “=”, están perfectamente
aislados. Esta propiedad la comparten también a algunos conceptos, por ejemplo,
“circulo”, “electrón”, “todos”, “algunos”, etc.
Los cuales poseen una distinción
discreta. Este gran economista y matemático, denomina a estos conceptos como “aritmomórficos”.
Y a partir de ello, los diferencia de
los conceptos “dialécticos”.
Estos últimos son manejados por diferentes disciplinas científicas y no cumplen
la propiedad de la diferenciación discreta.
Así mientras un concepto artimomórfico está separado de otro por un
vacío, en los conceptos dialecticos existe una zona de penumbra y es
precisamente ahí donde “n” como “no-n”, son ambos verdaderos, invalidándose el
principio lógico de no contradicción. A estos conceptos dialecticos corresponden precisamente algunos de gran
trascendencia para el ser humano: La
bondad, la justicia, necesidad, probabilidad, etc.
Llegados
a este punto los conceptos aritmomórficos resultan invariantes en el tiempo y el espacio. Un “triángulo” lo era en los
tiempos de Pericles, de Descartes y lo es hoy.
Pero el concepto de “necesidad” varía
según el tiempo y el lugar en que nos encontremos. Tal como señala G.Roegen
los biólogos han comprendido hace ya tiempo que ni siquiera la vida tiene
limites aritmomórficos: existen virus
cristalizados que constituyen la penumbra entre la materia viva y la muerta.
Pues
bien, la teoría económica propone que
la imperfección de nuestros sentidos para acotar diferenciadamente
(aritmomórficamente) los conceptos dialecticos se debe solucionar encontrando el instrumento perfecto
de medida. Los neoclásicos en la búsqueda de ese instrumento para la medición de la utilidad del consumidor,
lanzan a Walras a suponer que esa
medida existe y que se le puede dar un valor matemático exacto. Edgeworth cree que se logrará un
hedonímetro para medir la satisfacción subjetiva del individuo. Jevons que apela a la mejora de las
fórmulas estadísticas mecanicistas para dotar de credibilidad su teoría del
valor. Nada de eso se ha logrado. Es más, cada día, la psicología y las neurociencias nos demuestran que el homo económicus
(homo rationalis) tiene un 90% de irracional y que sus pensamientos son
conscientes en apenas un 2% (homo ludens).
Conforme
expone G.Roegen,
la dificultad en decidir si en un país determinado es una democracia o no,
proviene de nuestro pensamiento (creencias e ideología) no de la imperfección
de nuestros sentidos como afirman los
economistas neoclásicos sumidos en la búsqueda de la forma de superar esa
imperfección sensorial. Estos creen que se deben expulsar los conceptos dialécticos de las ciencias sociales, así la compleja noción de
desarrollo económico se ha reducido a un número, la renta per cápita, y el
espectro dialectico de las necesidades humanas (lo más importante del proceso
económico) se ha cubierto desde hace tiempo con el concepto numérico de la
utilidad.
Roegen
defiende que los conceptos dialecticos, aunque difíciles de manejar, deben ser
utilizados ya que son imprescindibles porque el entramado lógico-matemático no
sirve como herramienta al científico. De hecho los avances, a veces, se
producen por la aparición de elementos novedosos de propiedades emergentes,
cualitativamente diferentes y no un mero añadido cuantitativo a lo existente.
(Desarrollo económico en contraposición al crecimiento económico). (Novedad por combinación; Roegen)
El problema es que la mayoría de las ciencias luchan contra
estos elementos tratando de cuantificarlos, de sujetarlos artimomórficamente
por todos los medios, negando así su naturaleza y rindiendo un culto excesivo a
la formalización matemática.
Bibliografía LA BIOECONOMÍA DE GEORGESCU ROEGEN
(Oscar Carpintero; Montesinos
Ensayo; 2006)
Hoy las grandes empresas transfronterizas y poderosos lobbys se aferran a su posición de privilegio. Este fue hace algunos años, el motivo por el que la “ciencia” económica precisó recurrir, tan profundamente, a las matemáticas hasta oscurecer su lenguaje de forma exagerada.
Dos motivos, fundamentaron, principalmente, esta decisión, desarrollada
por el economista León Walras, de la omnipresente Escuela
de Chicago:
- Acabar con la crítica marxista del
capitalismo
- Y para
dotar de algo más que una mera probabilidad al estudio de la economía.
“Un espíritu ilustrado no debe exigir en cada género de objetos más
precisión que la que permita la naturaleza misma de la cosa de que se trate; y
tan irracional sería exigir de un matemático una mera probabilidad, como exigir
de un orador demostraciones de forma.” Aristóteles (Moral, a Nicómaco)
Sylos-Labini refiriéndose a la evolución de la
economía del Planeta y a la globalización escribió. “En economía no son posibles previsiones verdaderas y adecuadas sino
solo juicios de probabilidad” y señalaba
las «formalizaciones abstractas son
elegantes pero inadecuadas para interpretar la realidad», refiriéndose al
uso exagerado de las matemáticas.
(Paolo Sylos-Labini, nació el 30 de octubre de 1920. De origen
medio español, medio sorrentino, Sylos estudió Derecho en Italia, pero se
especializó en Economía en la
Universidad de Harvard, donde estudió, entre otros maestros,
con Schumpeter y en Cambridge, Reino
Unido)
De los premios del "pseudoNobel
de economía" otorgados: el 70% a economistas
premiados eran estadounidenses. De los 62 premios otorgados, 25
pertenecen a la escuela de Chicago. La Universidad de Chicago
es el centro comercial y financiero, símbolo del radicalismo
liberal. La
Universidad de Chicago es la cuna y centro difusor, de mayor
importancia, del libre mercado y la competencia perfecta, usada como arma
propagandista de anticomunismo maccartista.
Esta
Universidad atrae a los grandes financieros, con cuyos donativos se
financia; David Booth, socio fundador de Fund Advisor que gestiona unos
fondos de 200.000.000.000 $, donó a la Business School de
la Universidad
300 millones de dólares. Milton Friedman (monetarista que se estudia en
todas las universidades), hombre de derechas, asesor de Ronald Reagan, es el
máximo exponente de la Escuela
de Chicago
Entonces ¿Dónde
estamos ahora? ¿Qué clase de ciencia es la economía con la que regimos nuestras
vidas? ¿Dónde nos ha colocado la economía neoliberal que desde los “años 70” se ha vuelto a imponer
sobre las ideas keynesianas que se aplicaron para superar la gran crisis del 29, crisis que provino del mismo mercado que se ha vuelto a imponer?
¿A quién favorece?
Incluso
el Financial Times, bíblia de las
finanzas, comprendió que había llegado el momento de corregir algo, y
Martin Wolf, su comentarista más
autorizado, abrió su blog con un título elocuente: La hora de la humildad.
Es el momento de cambiar nuestros valores económicos y otorgar el lugar provilegiado el lugar que realmente les
corresponde a los escasos herejes marginados de la profesión, grandes
economistas de la talla de Georgescu Roëgen, entre otros muchos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario