domingo, 10 de junio de 2012

ECONOMÍA: (LA BIOECONOMÍA)


MATEMÁTICAS y ECONOMÍA; 
Conceptos Dialécticos y Artimomórficos

Desde un enfoque transdisciplinar del pensamiento económico, Georgescu Roegen,  señaló que la extensión indiscriminada del aparato matemático, en la disciplina económica, y de la vara de medir del dinero no eran suficientes para dar cuenta de las implicaciones sociales y culturales del proceso económico, y de restricciones naturales que presenta su desarrollo.

Roegen invita a traspasar las fronteras académicas de la economía, la biología y la física.  Los economistas ortodoxos tan reacios a traspasar esas fronteras y romper la pureza disciplinar, se mueven en la estrechez de sus senderos.  Es preciso comprender la relación entre ecosistemas y subsistemas económicos. Son precisamente las herramientas transdisciplinares obtenidas de la biología y la termodinámica las que abren para Georgescu Roegen para su modelo económico de la Bioeconomía.

Roegen analiza el origen de las explicaciones científicas y de los diferentes conceptos utilizados en la práctica. En este ámbito la simbología lógica y matemática es esencial para la rapidez del razonamiento, debido a su diferenciación discreta, es decir que se definen de forma clara y con límites claramente diferenciadores respecto al resto de los símbolos. El número 2, en símbolo “=”, están perfectamente aislados. Esta propiedad la comparten también a algunos conceptos, por ejemplo, “circulo”, “electrón”, “todos”, “algunos”, etc.  Los cuales poseen una distinción discreta. Este gran economista y matemático, denomina a estos conceptos como “aritmomórficos”.  Y a partir de ello, los diferencia de los conceptos “dialécticos”. Estos últimos son manejados por diferentes disciplinas científicas y no cumplen la propiedad de la diferenciación discreta.  Así mientras un concepto artimomórfico está separado de otro por un vacío, en los conceptos dialecticos existe una zona de penumbra y es precisamente ahí donde “n” como “no-n”, son ambos verdaderos, invalidándose el principio lógico de no contradicción. A estos conceptos dialecticos corresponden precisamente algunos de gran trascendencia para el ser humano: La bondad, la justicia, necesidad, probabilidad, etc.

Llegados a este punto los conceptos aritmomórficos resultan invariantes en el tiempo y el espacio. Un “triángulo” lo era en los tiempos de Pericles, de Descartes y lo es hoy.  Pero el concepto de “necesidad” varía según el tiempo y el lugar en que nos encontremos. Tal como señala G.Roegen los biólogos han comprendido hace ya tiempo que ni siquiera la vida tiene limites aritmomórficos: existen virus cristalizados que constituyen la penumbra entre la materia viva y la muerta.

Pues bien, la teoría económica propone que la imperfección de nuestros sentidos para acotar diferenciadamente (aritmomórficamente) los conceptos dialecticos se debe  solucionar encontrando el instrumento perfecto de medida. Los neoclásicos en la búsqueda de ese instrumento para la medición de la utilidad del consumidor, lanzan a Walras a suponer que esa medida existe y que se le puede dar un valor matemático exacto. Edgeworth cree que se logrará un hedonímetro para medir la satisfacción subjetiva del individuo. Jevons que apela a la mejora de las fórmulas estadísticas mecanicistas para dotar de credibilidad su teoría del valor. Nada de eso se ha logrado. Es más, cada día, la psicología y las neurociencias nos demuestran que el homo económicus (homo rationalis) tiene un 90% de irracional y que sus pensamientos son conscientes en apenas un 2% (homo ludens).

Conforme expone G.Roegen, la dificultad en decidir si en un país determinado es una democracia o no, proviene de nuestro pensamiento (creencias e ideología) no de la imperfección de nuestros sentidos como afirman los economistas neoclásicos sumidos en la búsqueda de la forma de superar esa imperfección sensorial. Estos creen que se deben expulsar los conceptos dialécticos de las ciencias  sociales, así la compleja noción de desarrollo económico se ha reducido a un número, la renta per cápita, y el espectro dialectico de las necesidades humanas (lo más importante del proceso económico) se ha cubierto desde hace tiempo con el concepto numérico de la utilidad.

Roegen defiende que los conceptos dialecticos, aunque difíciles de manejar, deben ser utilizados ya que son imprescindibles porque el entramado lógico-matemático no sirve como herramienta al científico. De hecho los avances, a veces, se producen por la aparición de elementos novedosos de propiedades emergentes, cualitativamente diferentes y no un mero añadido cuantitativo a lo existente. (Desarrollo económico en contraposición al crecimiento económico). (Novedad por combinación; Roegen)

El problema es que la mayoría de las ciencias luchan contra estos elementos tratando de cuantificarlos, de sujetarlos artimomórficamente por todos los medios, negando así su naturaleza y rindiendo un culto excesivo a la formalización matemática.

Bibliografía   LA BIOECONOMÍA DE GEORGESCU ROEGEN     
(Oscar Carpintero; Montesinos Ensayo; 2006)



Hoy las grandes empresas transfronterizas y poderosos lobbys se aferran a su posición de privilegio. Este fue hace algunos años, el motivo por el que la “ciencia” económica precisó recurrir, tan profundamente, a las matemáticas hasta oscurecer su lenguaje de forma exagerada.  

Dos motivos, fundamentaron, principalmente, esta decisión, desarrollada por el economista León Walras, de la omnipresente Escuela de Chicago:

-     Acabar con la crítica marxista del capitalismo 
-   Y para dotar de algo más que una mera probabilidad al estudio de la economía.  

 “Un espíritu ilustrado no debe exigir en cada género de objetos más precisión que la que permita la naturaleza misma de la cosa de que se trate; y tan irracional sería exigir de un matemático una mera probabilidad, como exigir de un orador demostraciones de forma.” Aristóteles (Moral, a Nicómaco)

Sylos-Labini refiriéndose a la evolución de la economía del Planeta y a la globalización escribió. “En economía no son posibles previsiones verdaderas y adecuadas sino solo juicios de probabilidad y señalaba las «formalizaciones abstractas son elegantes pero inadecuadas para interpretar la realidad», refiriéndose al uso exagerado de las matemáticas.
(Paolo Sylos-Labini, nació el 30 de octubre de 1920. De origen medio español, medio sorrentino, Sylos estudió Derecho en Italia, pero se especializó en Economía en la Universidad de Harvard, donde estudió, entre otros maestros, con Schumpeter  y en Cambridge, Reino Unido)

La Escuela de Chicago….

De los premios del "pseudoNobel de economía" otorgados: el 70% a economistas premiados eran estadounidenses.  De los 62 premios otorgados, 25 pertenecen a la escuela de Chicago. La Universidad de Chicago es el centro comercial y financiero, símbolo del radicalismo liberal.  La Universidad de Chicago es la cuna y centro difusor, de mayor importancia, del libre mercado y la competencia perfecta, usada como arma propagandista de anticomunismo maccartista.  
Esta Universidad atrae a los grandes financieros, con cuyos donativos se financia;  David Booth, socio fundador de Fund Advisor que gestiona unos fondos de 200.000.000.000 $, donó a la Business School de la Universidad 300 millones de dólares.  Milton Friedman (monetarista que se estudia en todas las universidades), hombre de derechas, asesor de Ronald Reagan, es el máximo exponente de la Escuela de Chicago

Entonces ¿Dónde estamos ahora? ¿Qué clase de ciencia es la economía con la que regimos nuestras vidas? ¿Dónde nos ha colocado la economía neoliberal que desde los “años 70” se ha vuelto a imponer sobre las ideas keynesianas que se aplicaron para superar la gran crisis del 29, crisis que provino del mismo mercado que se ha vuelto a imponer? 
¿A quién favorece?

         Incluso el Financial Times, bíblia de las finanzas, comprendió que había llegado el momento de corregir algo, y Martin  Wolf, su comentarista más autorizado, abrió su blog con un título elocuente: La hora de la humildad

Es el momento de cambiar nuestros valores económicos y otorgar el lugar provilegiado el lugar que realmente les corresponde a los escasos herejes marginados de la profesión, grandes economistas de la talla de Georgescu Roëgen, entre otros muchos.




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