LAS NECESIDADES (Lado de la Demanda)
Hay que disociar el concepto de inversión del de rentabilidad monetaria. Se precisa, por consiguiente, la
transformación de los principios económicos y de los valores estructurales de
la sociedad, dirigiéndoles hacia la idea de desarrollo, entendido como
integración del Ser Humano en el conjunto de la vida y dirigido al crecimiento
emocional de la Persona como individuo y como parte del conjunto de la Humanidad.
No es éticamente aceptable, ni posible desde el punto de vista del
derecho natural, mantener la confusión que existe entre la transformación del
entorno para mejorar calidad de vida del ser humano, con el aniquilamiento de
los recursos de la Tierra, la explotación
de los pueblos, el sometimiento de nuestros semejantes a la miseria. Es inaceptablemente
injusto aniquilar otras culturas para someterlas a la rueda de la teoría
económica capitalista, empujando a los pueblos a la pobreza y a la dependencia
de un sistema que enajena la voluntad humana mediante la utilización de un
modelo económico cuyos pilares se apoyan en el consumismo sin sentido, en el despilfarro
de recursos, en la compra compulsiva y en un ocio cuyos pilares se apoyan en la
realización de más y más compras, la gran parte de ellas inservibles y
éticamente insostenibles.
Hay que saber que el 99% de las
cosas que se extraen, procesan, transportan y consumen son basura a los 6 meses.
Es preciso que este tipo de consumo
se sustituya por un abastecimiento moderado que no esté al servicio del
Capitalismo feroz. Un abastecimiento que
no suponga el agotamiento de los recursos, el deterioro ambiental y nos
convierta en esclavos del dinero.
Hoy tenemos más cosas, pero menos tiempo que nunca para disfrutar de lo
que realmente nos hace felices: los amigos, la familia, el ocio y la propia
libertad desde nuestra conciencia como individuos y como Comunidad Humana, en
armonía con el Planeta:
Una pequeña roca, en el
Sistema Solar. Perdidos en una Galaxia de millones de Sistemas que se
mueve por un Universo poblado de millones de Galaxias. Una vida cuya única certeza es la muerte y cuya
esperanza de conservación está en las generaciones futuras y el
disfrute de la propia vida de la que disponemos.
¡Trabajamos más horas que nunca!
Es preciso, por
tanto, no dejarse embargar por los
mecanismos del consumo, a saber:
La
Publicidad
El Crédito
Y la
Caducidad (tecnológica y/o por obsolescencia)
La primera, la publicidad, porque marca nuestras
necesidades a un nivel psicológico profundo e
inconsciente.
Se ha calculado que se destinan a cada persona, en torno, a 3.000
publicidades al día, lo que hace 50 años veía un estadounidense en toda su
vida.
Y ¿Qué pretende la publicidad
sino que estemos infelices con lo que tenemos y de cómo estamos?
Así que 3.000
veces por día se nos dice que nuestro pelo está mal, nuestra piel, nuestra ropa
está mal, nuestros muebles están mal, nuestros coches están mal… nosotros mismos
estamos mal, pero que todo se puede
arreglar si, solamente, vamos de compras.
No vale lo que tenemos, debemos renovarlo, sustituirlo.
He escuchado a los publicitas decir, cuando una empresa acude a
contratar sus servicios:
Empresario (contratante): ¿Cuánto me va a costar la campaña de marketing?
Publicista (contratado): ¿Cuántas unidades quieres
vender?
¡La experiencia le
dice que venderá cuantas desee!
El segundo, el crédito, porque acaba estrangulando
la libertad del individuo introduciéndole en una espiral de la que no puede
salir, obligándole a trabajar más y más tiempo, para poder mantener el nivel de
consumo que crea ficticiamente y que, casi siempre, está por encima de su capacidad
real. Además de obligarle a estar
continuamente endeudado para mantener ese nivel.
Y la caducidad tecnológica, de moda y
planificada que hacen que acudamos al crédito para renovar nuestros
electrodomésticos, coche, ordenador, etc.
La moda señala frente a los demás a aquellos
que no han contribuido al consumo y haciéndoles sentir fuera del grupo. Les
marca como seres extraños o con problemas.
El diseño de los bienes de consumo duradero obliga a reponer estos
bienes por la vía del envejecimiento programado. Es decir se
trata, tal y como diseñó Víctor Lebow, de consumir y renovar a la mayor
velocidad posible. Se diseña, un coche, una lavadora, un frigorífico para que
dure un número concreto de años y que haya que renovarlo.
La otra vía es la del envejecimiento tecnológico, ante avances
en las prestaciones de las que se podría prescindir o, en el mejor de los
casos, acceder con el cambio de una pieza; El diseño hace que no se pueda
sustituir y sea preciso cambiar el bien completo.
Y en este juego entran bienes de consumo muy rápido, cámaras,
DVD´s, trapos, maquinillas de afeitar, envases, vasos desechables y toda una
legión de pequeños utensilios que suponen una terrible acumulación de basuras y
residuos. Sin contar con las excesivas
capas de envoltorios de cualquier producto que adquirimos y que, además, luego
metemos en una bolsa desechable. Cada español produce 550 Kg/año de basura, es
decir, casi 2 kg
diarios. Solamente se reciclan 80 y el
reciclado no es una solución sostenible.
Víctor Lebow
ha sido el
economista y analista al por menor,
quizás mejor conocido por su oferta con respecto a la formulación de American capitalismo
de consumo que se encuentran en su
documento " La competencia de precios en 1955 " (Diario de venta al por menor, la primavera de 1955). Lebow alentó y la prescribió de consumo conspicuo .
Contra más queremos
consumir, más tiempo hemos de dedicar a obtener el dinero necesario para poder
adquirir esos bienes y servicios. Surge la idea de la felicidad aplazada.
Así, cada vez,
tenemos menos tiempo para el ocio, los amigos, la familia, incluso para pensar
en lo que vemos o vivimos. Es más, incluso para darnos cuenta del paso del tiempo
biológico. Para pensar en nosotros mismos. Hoy trabajamos más que en
cualquier época desde la sociedad feudal. El sistema implantado desde
los años 70 por el neocapitalismo,
además de reducir los salarios o someterlos a un bajo crecimiento, nos obliga a
trabajar más horas para que podamos consumir más. La idea de la felicidad aplazada, nos dice que
debemos sacrificarnos ahora, trabajar más para poder tener después lo que nos
gusta. Lo que nos hace felices. Ahora hay que correr mucho, trabajar muchas
horas para poder comprar todo aquello que nos va a dar la felicidad. La
felicidad, según esto, reside en objetos ajenos a mi propia identidad personal
que el mercado me ofrece “como recompensa”,
tras dedicar mi tiempo, de forma acelerada, a poder conseguir el dinero que
representa el valor de esos bienes y servicios en ese mercado.
Pero yo me pregunto:
¿La felicidad de las personas depende de
los objetos?
Los objetos me
atan, me impiden moverme libremente, me coartan, en consecuencia, la libertad.
Son lastres que me sujetan al Sistema y transforman mi esencia en formas. La
sustancia desaparece y queda la apariencia de lo que somos.
“Y Tac dice a Tic: Nos vamos de viaje y poco me
llevo porque poco traje”
(María de la Luz Uribe)
¿La felicidad aumenta contra más variedad
de objetos posea?
La ley de la Utilidad marginal decreciente dice que una unidad adicional
del mismo bien reporta una satisfacción menor que la unidad anterior. Quiero recordar aquí, que la propia teoría
económica capitalista se ha visto obligada a reconocer, ante su evidencia, que
el consumo, sobrepasado cierto nivel de renta, ya no es capaz de reportarnos
ninguna satisfacción, sino que por el contrario nos crea más desazón e infelicidad que nos acaba conduciendo al
desequilibrio emocional.
Y lo más importante, mí tiempo, que es lo
único que tengo y soy. ¿Vale el sacrificio de entregarlo para buscar una
pretendida felicidad en la posesión de bienes futuros, dejando de lado la
felicidad presente?
Me gustaría recomendar este video si te ha interesado el tema:
"The Story of Stuff" en inglés originalmente, es un documental sobre el
ciclo de vida de bienes y servicios, lanzado al público el 4 de
diciembre de 2007, y narrado originalmente por Annie Leonard.
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