viernes, 6 de abril de 2012

ECONOMIA: Las Necesidades del Consumidor

LAS NECESIDADES  (Lado de la Demanda)

Hay que disociar el concepto de inversión del de rentabilidad monetaria.  Se precisa, por consiguiente, la transformación de los principios económicos y de los valores estructurales de la sociedad, dirigiéndoles hacia la idea de desarrollo, entendido como integración del Ser Humano en el conjunto de la vida y dirigido al crecimiento emocional de la Persona como individuo y como parte del conjunto de la Humanidad. 

No es éticamente aceptable, ni posible desde el punto de vista del derecho natural, mantener la confusión que existe entre la transformación del entorno para mejorar calidad de vida del ser humano, con el aniquilamiento de los recursos de la Tierra,  la explotación de los pueblos, el sometimiento de nuestros semejantes a la miseria. Es inaceptablemente injusto aniquilar otras culturas para someterlas a la rueda de la teoría económica capitalista, empujando a los pueblos a la pobreza y a la dependencia de un sistema que enajena la voluntad humana mediante la utilización de un modelo económico cuyos pilares se apoyan en el consumismo sin sentido, en el despilfarro de recursos, en la compra compulsiva y en un ocio cuyos pilares se apoyan en la realización de más y más compras, la gran parte de ellas inservibles y éticamente insostenibles. 
Hay que saber que el 99% de las cosas que se extraen, procesan, transportan y consumen son basura a los 6 meses.

 Es preciso que este tipo de consumo se sustituya por un abastecimiento moderado que no esté al servicio del Capitalismo feroz.  Un abastecimiento que no suponga el agotamiento de los recursos, el deterioro ambiental y nos convierta en esclavos del dinero.

Hoy tenemos más cosas, pero menos tiempo que nunca para disfrutar de lo que realmente nos hace felices: los amigos, la familia, el ocio y la propia libertad desde nuestra conciencia como individuos y como Comunidad Humana, en armonía con el Planeta:

Una pequeña roca, en el Sistema Solar. Perdidos en una Galaxia de millones de Sistemas que se mueve por un Universo poblado de millones de Galaxias.  Una vida cuya única certeza es la muerte y cuya esperanza de conservación está en las generaciones futuras y el disfrute de la propia vida de la que disponemos.

  ¡Trabajamos más horas que nunca!

Es preciso, por tanto,  no dejarse embargar por los mecanismos del consumo, a saber:

         La Publicidad
         El Crédito
         Y la Caducidad (tecnológica y/o por obsolescencia)

La primera, la publicidad, porque marca nuestras necesidades a un nivel psicológico profundo e  inconsciente. 
Se ha calculado que se destinan a cada persona, en torno, a 3.000 publicidades al día, lo que hace 50 años veía un estadounidense en toda su vida. 
Y  ¿Qué pretende la publicidad sino que estemos infelices con lo que tenemos y de cómo estamos? 
Así que 3.000 veces por día se nos dice que nuestro pelo está mal, nuestra piel, nuestra ropa está mal, nuestros muebles están mal, nuestros coches están mal… nosotros mismos estamos mal,  pero que todo se puede arreglar si, solamente, vamos de compras.  No vale lo que tenemos, debemos renovarlo, sustituirlo.  
He escuchado a los publicitas decir, cuando una empresa acude a contratar sus servicios:
Empresario (contratante): ¿Cuánto me va a costar la campaña de marketing?
Publicista (contratado):    ¿Cuántas unidades quieres vender?
¡La experiencia le dice que venderá cuantas desee!

El segundo, el crédito, porque acaba estrangulando la libertad del individuo introduciéndole en una espiral de la que no puede salir, obligándole a trabajar más y más tiempo, para poder mantener el nivel de consumo que crea ficticiamente y que, casi siempre, está por encima de su capacidad real.  Además de obligarle a estar continuamente endeudado para mantener ese nivel.
 
Y la caducidad tecnológica, de moda y planificada que hacen que acudamos al crédito para renovar nuestros electrodomésticos, coche, ordenador, etc.
         La moda señala frente a los demás a aquellos que no han contribuido al consumo y haciéndoles sentir fuera del grupo. Les marca como seres extraños o con problemas.
El diseño de los bienes de consumo duradero obliga a reponer estos bienes por la vía del envejecimiento programado. Es decir se trata, tal y como diseñó Víctor Lebow, de consumir y renovar a la mayor velocidad posible. Se diseña, un coche, una lavadora, un frigorífico para que dure un número concreto de años y que haya que renovarlo.
La otra vía es la del envejecimiento tecnológico, ante avances en las prestaciones de las que se podría prescindir o, en el mejor de los casos, acceder con el cambio de una pieza; El diseño hace que no se pueda sustituir y sea preciso cambiar el bien completo. 
Y en este juego entran bienes de consumo muy rápido, cámaras, DVD´s, trapos, maquinillas de afeitar, envases, vasos desechables y toda una legión de pequeños utensilios que suponen una terrible acumulación de basuras y residuos.  Sin contar con las excesivas capas de envoltorios de cualquier producto que adquirimos y que, además, luego metemos en una bolsa desechable. Cada español produce 550 Kg/año de basura, es decir, casi 2 kg diarios.  Solamente se reciclan 80 y el reciclado no es una solución sostenible.


 Víctor Lebow ha sido el economista y analista al por menor, quizás mejor conocido por su oferta con respecto a la formulación de American capitalismo de consumo que se encuentran en su documento " La competencia de precios en 1955 "(Diario de venta al por menor, la primavera de 1955).  Lebow alentó y la prescribió de consumo conspicuo .
Contra más queremos consumir, más tiempo hemos de dedicar a obtener el dinero necesario para poder adquirir esos bienes y servicios.  Surge la idea de la felicidad aplazada.

Así, cada vez, tenemos menos tiempo para el ocio, los amigos, la familia, incluso para pensar en lo que vemos o vivimos. Es más, incluso para darnos cuenta del paso del tiempo biológico.  Para pensar en nosotros mismos. Hoy trabajamos más que en cualquier época desde la sociedad feudal.  El sistema implantado desde los años 70 por el neocapitalismo, además de reducir los salarios o someterlos a un bajo crecimiento, nos obliga a trabajar más horas para que podamos consumir más. La idea de la felicidad aplazada, nos dice que debemos sacrificarnos ahora, trabajar más para poder tener después lo que nos gusta. Lo que nos hace felices. Ahora hay que correr mucho, trabajar muchas horas para poder comprar todo aquello que nos va a dar la felicidad. La felicidad, según esto, reside en objetos ajenos a mi propia identidad personal que el mercado me ofrece “como recompensa”, tras dedicar mi tiempo, de forma acelerada, a poder conseguir el dinero que representa el valor de esos bienes y servicios en ese mercado. 

Pero yo me pregunto:

¿La felicidad de las personas depende de los objetos?

Los objetos me atan, me impiden moverme libremente, me coartan, en consecuencia, la libertad. Son lastres que me sujetan al Sistema y transforman mi esencia en formas. La sustancia desaparece y queda la apariencia de lo que somos.

  “Y Tac dice a Tic: Nos vamos de viaje y poco me llevo porque poco traje
                                                                             (María de la Luz Uribe)

¿La felicidad aumenta contra más variedad de objetos posea?

La ley de la Utilidad marginal decreciente dice que una unidad adicional del mismo bien reporta una satisfacción menor que la unidad anterior.  Quiero recordar aquí, que la propia teoría económica capitalista se ha visto obligada a reconocer, ante su evidencia, que el consumo, sobrepasado cierto nivel de renta, ya no es capaz de reportarnos ninguna satisfacción, sino que por el contrario nos crea más desazón e infelicidad que nos acaba conduciendo al desequilibrio emocional.

Y lo más importante, mí tiempo, que es lo único que tengo y soy. ¿Vale el sacrificio de entregarlo para buscar una pretendida felicidad en la posesión de bienes futuros, dejando de lado la felicidad presente? 


Me gustaría recomendar este video si te ha interesado el tema:

 
"The Story of Stuff" en inglés originalmente, es un documental sobre el ciclo de vida de bienes y servicios, lanzado al público el 4 de diciembre de 2007, y narrado originalmente por Annie Leonard.



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