sábado, 1 de septiembre de 2012

YO VOY EN BICI


YO VOY EN BICI

Me muevo desde hace años en bicicleta. Unos se compran un coche. Otros se compran una moto. Yo compré una bici. Moverse por tu ciudad o tu pueblo exige no deteriorar más el aire ni la naturaleza. Además se hace ejercicio, esencial hoy cuando el sedentarismo es origen de muchas enfermedades.
En mi opinión el uso de los vehículos de motor debiera limitarse a lo estrictamente preciso. Dándole un uso de carácter común o público si se prefiere. El uso se canalizaría mediante entidades dedicadas a su arrendamiento. Y su utilización se limitaría a ponerse al servicio sólo para el transporte de mercancías y de las personas, para la salud, para llevar a otros sitios las actividades culturales, para los viajes de larga distancia, etcétera.

Yo me desplazo en la bicicleta no como deporte sino como medio de transporte. Y lo hago por una razón de creencias. Creencias asentadas en tres motivos:

1º.- Creo que las generaciones futuras, esto es nuestros hijos, tienen derecho a gozar de un medio ambiente adecuado.
Creo que tienen el más pleno derecho, ínsito en su dignidad, a disfrutar de lo poco que hoy queda de una naturaleza exhausta y de toda la diversidad de que aún nos queda y no de un árido desierto global.
Creo que tienen derecho al legado transmitido durante miles de años de padres a hijos; tienen derecho a beber y mirar el agua de un río correr limpia.
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2º.- Porque creo que no debo robar años de vida a las personas que habitamos hoy el Planeta. Aquí los niños también tienen un papel muy relevante. La contaminación del aire. El calentamiento global. Una locomotora de hierro desbocada a punto de descarrillar a gran velocidad; Cada vez hay más asmáticos. Las enfermedades respiratorias van en aumento.  Se aprecia un crecimiento progresivo y preocupante de las enfermedades derivadas del uso de combustibles fósiles y en especial del gasoil.

3º.- Porque creo que no se deben esquilmar los campos, degradando las tierras. Extensas superficies de monocultivos reciben periódicamente el laboreo de decenas de sustancias químicas para incrementar la producción. Eso conduce a la más absoluta degradación del suelo, la contaminación de sus capas profundas y, por su filtración, del conjunto de las aguas dulces. Aguas cada vez más escasas y esenciales para la vida.
Y ¿Para qué se esquilman los campos? Pues esencialmente para obtener agrocombustibles y piensos para el ganado.
·         Los primeros para alimentar los miles de millones de vehículos a motor que circulan por las carreteras de todo el Mundo.
·         Y los segundos para obtener millones de toneladas de carne para alimentas la insaciable sed de las multinacionales que venden sus hamburguesas a bajo coste, rellenándolas con soja transgénica y saborizantes que buscan hacer dependientes a los consumidores.

Poco puedo hacer yo frente a la maquinaria sociológica puesta en marcha. Pero yo me desplazo en bici.
Aunque valga lo dicho para abogar por el transporte público.

¿Demagogia?
¿Utopía?
No.
  

Mi manera de no estar sometido al poder tiránico del dinero. 
Una forma de no primar mi satisfacción personal e inmediata frente al interés de los demás y, en general, de la vida del Planeta.

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