YO
VOY EN BICI
Me muevo desde hace años
en bicicleta. Unos se compran un coche. Otros se compran una moto. Yo compré
una bici. Moverse por tu ciudad o tu pueblo exige no deteriorar más el aire ni la naturaleza. Además se hace ejercicio, esencial hoy cuando el sedentarismo es origen de muchas enfermedades.
En mi opinión el uso de
los vehículos de motor debiera limitarse a lo estrictamente preciso. Dándole un
uso de carácter común o público si se prefiere. El uso se canalizaría mediante
entidades dedicadas a su arrendamiento. Y su utilización se limitaría a ponerse
al servicio sólo para el transporte de mercancías y de las personas, para la salud,
para llevar a otros sitios las actividades culturales, para los viajes de larga distancia, etcétera.
Yo me desplazo en la
bicicleta no como deporte sino como medio de transporte. Y lo hago por una
razón de creencias. Creencias asentadas en tres motivos:
1º.- Creo que las generaciones futuras, esto
es nuestros hijos, tienen derecho a
gozar de un medio ambiente adecuado.
Creo que tienen el más
pleno derecho, ínsito en su dignidad, a disfrutar de lo poco que hoy queda de
una naturaleza exhausta y de toda la
diversidad de que aún nos queda y no de un árido desierto global.
Creo que tienen derecho al legado transmitido
durante miles de años de padres a hijos; tienen derecho a beber y mirar el
agua de un río correr limpia.
.
2º.-
Porque creo que no debo robar años de
vida a las personas que habitamos hoy el Planeta. Aquí los niños también tienen
un papel muy relevante. La contaminación del aire. El calentamiento global. Una
locomotora de hierro desbocada a punto de descarrillar a gran velocidad; Cada
vez hay más asmáticos. Las enfermedades respiratorias van en aumento. Se aprecia un crecimiento progresivo y preocupante de las enfermedades derivadas
del uso de combustibles fósiles y en especial del gasoil.
3º.-
Porque creo que no se deben esquilmar
los campos, degradando las tierras. Extensas superficies de monocultivos reciben periódicamente el
laboreo de decenas de sustancias químicas
para incrementar la producción. Eso conduce a la más absoluta degradación del suelo, la contaminación
de sus capas profundas y, por su filtración, del conjunto de las aguas dulces. Aguas cada vez más
escasas y esenciales para la vida.
Y ¿Para qué se
esquilman los campos? Pues esencialmente para obtener agrocombustibles y
piensos para el ganado.
·
Los primeros para alimentar los miles de millones de vehículos
a motor que circulan por las carreteras de todo el Mundo.
·
Y los segundos para obtener millones de toneladas de carne
para alimentas la insaciable sed de las multinacionales que venden sus hamburguesas
a bajo coste, rellenándolas con soja transgénica y saborizantes que buscan hacer
dependientes a los consumidores.
Poco
puedo hacer yo frente a la maquinaria sociológica puesta en marcha. Pero yo me
desplazo en bici.
Aunque
valga lo dicho para abogar por el transporte público.
¿Demagogia?
¿Utopía?
No.
Mi manera de no estar
sometido al poder tiránico del dinero.
Una forma de no primar mi satisfacción personal
e inmediata frente al interés de los demás y, en general,
de la vida del Planeta.

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